| 2025-02-20
El autismo es un trastorno del neurodesarrollo cuya prevalencia va en aumento. A nivel global, se estima que afecta a 1 de cada 59 niños, una cifra que en Veracruz podría ser similar, aunque no existen estadísticas oficiales que confirmen su incidencia en el estado, señaló el doctor Jorge Manzano Denes, investigador del Instituto de Investigaciones Cerebrales de la Universidad Veracruzana, quien ha dedicado su carrera al estudio de este espectro.
"Formalmente, no tenemos estadísticas. Es algo que debería realizar el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) porque, como investigadores, nos resulta complicado hacer un censo de este tipo".
Aunque se desconoce la distribución exacta del trastorno en el estado, el investigador señaló que su experiencia trabajando en ciudades como Xalapa, Córdoba, Orizaba y Poza Rica le ha permitido observar que la incidencia en Veracruz es similar a la reportada a nivel mundial.
Uno de los mayores desafíos en el diagnóstico del autismo es la identificación temprana de los signos. Generalmente, los padres comienzan a notar conductas atípicas entre los dos y tres años de edad, cuando los niños no responden a la interacción social de la misma forma que sus pares. Sin embargo, dijo que las señales pueden aparecer desde mucho antes.
"A los dos o tres años, los padres ya identifican comportamientos que no encajan con el desarrollo esperado, pero sabemos que los primeros indicios pueden darse en edades más tempranas, aunque son más sutiles y difíciles de notar", explicó.
La detección y el tratamiento temprano pueden marcar una gran diferencia en la calidad de vida del niño, ya que las terapias conductuales adecuadas pueden retrasar o mitigar el impacto del autismo.
Históricamente, se ha reportado que el autismo es más frecuente en niños, con una proporción de tres casos masculinos por cada caso femenino. Sin embargo, investigaciones recientes han puesto en duda esta diferencia de género.
"Las niñas, por su naturaleza más social, pueden enmascarar los síntomas del autismo, lo que hace que pasen desapercibidas en los diagnósticos. Se está debatiendo si realmente hay más niños con autismo o si simplemente las técnicas de detección no han sido lo suficientemente precisas para identificarlo en niñas", comentó el experto.
El autismo se caracteriza principalmente por el aislamiento social, una de las primeras señales de alerta. Mientras que los niños neurotípicos tienden a interactuar de forma espontánea con sus pares, los niños con autismo suelen evitar la interacción humana. Sin embargo, estudios han demostrado que estos niños sí establecen vínculos con animales y objetos.
"Por eso, terapias con caballos, perros o gatos pueden ser beneficiosas. No podemos decir que una terapia es mejor que otra, pero hemos visto que estas interacciones favorecen su desarrollo social".
El investigador y su equipo trabajan actualmente en determinar la duración óptima de estas terapias para maximizar sus beneficios.
En los últimos años, el autismo ha ganado visibilidad y cada vez más padres buscan ayuda profesional al notar signos de la condición en sus hijos. Esto, sumado a técnicas de diagnóstico más precisas, que permiten que más niños reciban la atención que necesitan.