De acuerdo con investigaciones realizadas por el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en aproximadamente 5 años podrían desaparecer en México los 3 glaciares que aún quedan en México.
Se trata del Pico de Orizaba, Iztaccíhuatl y Popocatépetl, sin embargo, dos de ellos estos "parecen estar en franco despertar", según ha alertado el investigador Hugo Delgado Granados.
Al participar en la mesa de trabajo ´Glaciares, cambio climático y gestión local de caudales hídricos", los expertos señalaron que, aunque su conservación no es viable, su desaparición afectará el aporte de agua de fusión al sistema hidrológico regional.
En lo que respecta al Pico de Orizaba, pese a que se encuentra por arriba de la línea de equilibrio, es decir, 5,300 metros, en algunas imágenes de la estructura aparece el basamento rocoso y se ha visto una reducción en la masa del sitio.
Además, la investigación señala que pareciera como si el volcán quisiera despertar, por lo que se habla de indicios de un incremento de la actividad del Pico de Orizaba, lo que suma para la pérdida de la masa de hielo acumulada.
Por su parte, Francisco Estada, Coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, puntualizó que en la pérdida de los glaciares está el cambio climático.
Debido a que en los próximos años estaremos por arriba del límite de temperatura que alertaron hace muchos años los científicos.
En lo que respecta a México, se ha calentado a una tasa más alta que el promedio global. Ha sido 3.2 grados en promedio por siglo, el mundo lo hace 2 grados por siglo.
El Citlaltépetl o Pico de Orizaba ha presentado erupciones históricas importantes, especialmente de 1533 a 1539, reportándose emisiones de ceniza. En 1545 y 1566 se presentaron emisiones de lava y ceniza. En los años 1569,1589, 1687 y 1847 se registraron diversas emisiones de ceniza. La última actividad importante documentada fue entre 1864 y 1867 en la cual se presentaron emisión de cenizas y fumarolas visibles (De la Cruz-Reyna, 2008).
La actividad geomorfológica más reciente está relacionada con la removilización de materiales volcánicos en forma de flujos de escombros, en varias de las quebradas que surcan el cono volcánico. En 1920 y como consecuencia de un sismo de magnitud 6.7, se generó un flujo de escombros de 44x106 m³. El 5 de junio de 2003, después de varios días de lluvias, se generó un flujo de lodo de dimensiones moderadas, el cual siguió el cauce del río Chiquito, al sur del volcán, afectando en su recorrido algunas instalaciones de PEMEX y provocando daños en viviendas de las ciudades de Nogales y Ciudad Mendoza que se encontraban cerca del cauce del río.
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