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05 de abril del 2025
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Por Enrique Haro Belchez
Columna:

Responsabilidad ambiental. El que contamina paga

2025-04-05 | 07:09 a.m.
Responsabilidad ambiental. El que contamina paga
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En un mundo cada vez más afectado por la crisis climática, la responsabilidad ambiental se ha convertido en un principio indispensable para garantizar un desarrollo sostenible. Entre los instrumentos más relevantes para hacer frente al deterioro ecológico se encuentra el principio de "el que contamina paga", una idea sencilla pero poderosa que obliga a quienes generan daños ambientales a hacerse cargo de las consecuencias. Este enfoque no solo busca justicia ambiental, sino que también promueve la prevención, la innovación tecnológica y una economía más verde.

El principio de "el que contamina paga" fue consagrado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en la década de 1970 y más tarde adoptado por diversas legislaciones internacionales y nacionales. Su lógica es contundente: si una empresa, institución o individuo daña el medio ambiente, ya sea contaminando el aire, el agua, el suelo o afectando la biodiversidad, debe asumir los costos de reparación, mitigación y compensación. Es una forma de internalizar los costos ambientales que muchas veces quedan fuera de la contabilidad tradicional.

En México, este principio está plasmado de manera formal en la Ley Federal de Responsabilidad Ambiental, promulgada en 2013. Esta legislación establece las bases para que el Estado y la sociedad puedan exigir la reparación del daño ambiental causado por actividades ilícitas o negligentes. La ley otorga al Estado, a las comunidades afectadas y a las organizaciones civiles la facultad de demandar a los responsables, así como de exigir la restauración de los ecosistemas, la compensación de daños, y cuando no sea posible, el pago de una indemnización no es necesario probar la culpa, sino simplemente demostrar el daño y el nexo causal con el responsable.

Uno de los efectos más positivos de aplicar este principio es que obliga a las empresas a repensar sus procesos productivos. Cuando los costos de la contaminación recaen sobre los responsables y no sobre la sociedad en general, se genera un incentivo para invertir en tecnologías limpias, procesos más eficientes y estrategias de economía circular. Además, se promueve una competencia más justa entre quienes sí cumplen con estándares ambientales y aquellos que buscan evadirlos.

También tiene una dimensión ética y social. Las comunidades más vulnerables suelen ser las más afectadas por la contaminación y los desastres ecológicos. El principio de "el que contamina paga" ayuda a combatir esta injusticia al exigir a los responsables que asuman su deuda ecológica y que contribuyan a la restauración de los ecosistemas y al bienestar de las personas afectadas.

En la actualidad, frente al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la escasez de recursos naturales, no basta con buenas intenciones. Se requieren políticas públicas claras, marcos legales firmes y una ciudadanía informada y vigilante. El principio de responsabilidad ambiental es una herramienta poderosa que debe fortalecerse mediante educación ambiental, transparencia y participación social.

"El que contamina paga" no es solo una consigna: es un compromiso con el futuro. Ha llegado el momento de hacer justicia ambiental y de colocar a la naturaleza en el centro de nuestras decisiones.

#CambiaUnaAcciónCambiaTodo.



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