En la costa veracruzana hay paraísos que ocultan infiernos. Uno de ellos es El Sabanal, un rincón desolado detrás de las Dunas de Chachalacas, en el municipio de Úrsulo Galván. A la vista de turistas y locales, es un tramo de arena interminable que flirtea con el mar; pero para quienes buscan a sus desaparecidos, es un cementerio clandestino donde la tierra no traga, sino vomita los restos de sus víctimas.
Cinco jóvenes xalapeños terminaron ahí, a casi 50 kilómetros del lugar donde fueron vistos por última vez. El 2 de julio de 2020, Marcos Javier Reyes Castillo, Iván Aurelio Aguilar Villa, Iván de Jesús Sosa Lagunes, Mario Figueroa Domínguez y Cedrik Abdiel Ramírez Aguilar convivían en el bar Mega Michelukas, en la localidad de Palo Gacho, municipio de Emiliano Zapata. Las fotos que compartieron en redes sociales ese día fueron las últimas pruebas de que estaban vivos.
De acuerdo con testigos, hombres armados irrumpieron en el lugar y los privaron de la libertad. Se los llevaron en una camioneta Dodge Journey roja y otro vehículo más pequeño. Nadie supo más de ellos. Sus familias, en cambio, iniciaron un calvario de cinco años buscando respuestas.
El silencio se rompió con un mensaje anónimo. Alguien, tal vez con un atisbo de humanidad, les reveló el paradero de sus seres queridos: "detrás de las dunas, en Chachalacas". Cuando las familias, acompañadas por las autoridades, llegaron al punto señalado, hallaron las fosas. Ahí estaban ellos. Desaparecidos, asesinados e inhumados en un tramo de costa que solo es vigilado por el mar.
Sin embargo, en medio de este horror, lo que ha pasado desapercibido ha sido el papel de las autoridades. Este crimen ocurrió durante el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez, cuya administración no logró dar una respuesta oportuna ni efectiva ante la crisis de desapariciones en Veracruz. Su gobierno, que prometió acabar con la impunidad heredada, terminó acumulando casos y multiplicando el dolor de cientos de familias.
Ahora, el gobierno de Rocío Nahle García, la primera gobernadora mujer en Veracruz, tiene enfrente una crisis que debe resolver para garantizar la no repetición de estos casos. La justicia rezagada por su antecesor y otros gobernadores igualmente negligentes, como Miguel Ángel Yunes Linares y Javier Duarte de Ochoa, sigue siendo una deuda pendiente. Mientras el tiempo corre, las familias de los desaparecidos siguen escarbando la tierra que sus autoridades dejaron de pisar.
El Sabanal no es un hallazgo aislado. En la misma región, a escasos kilómetros, está La Guapota, otro campo de exterminio veracruzano. En 2019, ahí se localizaron 36 puntos positivos con al menos 70 cadáveres enterrados. Una veintena de ellos ya fueron identificados, según el colectivo Buscando a Nuestros Desaparecidos y Desaparecidas.
Las dunas de Chachalacas, que para los turistas son una postal veracruzana, se han convertido en un corredor de la muerte. Entre la arena y la vegetación rala, las familias escarban con las manos, no para hallar tesoros marinos, sino para desenterrar a sus desaparecidos.
El Sabanal es un recordatorio de que en Veracruz las olas no solo arrastran caracoles, sino también los rastros de una violencia impune que la tierra apenas puede ocultar.
@VictorToriz
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