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Complejidad mediática y realidad social

2022-02-13 | 09:36 a.m.
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Los sucesos actuales pronostican la primera guerra nuclear por el caso de Ucrania, principalmente Estados Unidos y Gran Bretaña: ¿la razón? Los gasoductos rusos.

Las contradicciones de los países asiáticos por la opulencia descarada  por el control energético. Los Emiratos árabes someten a  Iberdrola, Exxon, Repsol.

Este  fenómeno bien predecible en la nueva visión económica global – desgoblalizadora-    confrontando a la alianza Rusia- China, en tiempos de la epidemia viral, la expansión mediática manipuladora, el cambio climático y sus contradicciones de energías limpias contra usos del carbono, petróleo y gas, pero sobre todo la lógica -ilógica- expansión del capitalismo más primitivo en la era digital, la nueva visión del capitalismo global: Son empresas trasnacionales coludidas con gobiernos nacionales.

Capital siempre contra voluntades populares. Dinero sobre democracia. Sometimiento global a intereses trasnacionales. Biden y Johnson son simples instrumentos para su expansionismo.

El capitalismo hoy, digital y global, no concierne a todos, solamente a unos cuantos que controlan las economías de distintos países, que buscan apropiarse de recursos naturales, como el oro, la plata, el cobre, el carbón, el litio, el gas, el petróleo y la electricidad, pero además son grandes consorcios monopólicos que se apoderan de la industria farmacéutica, de las redes sociales y sus derivados, del consumo total y sobre todo de las creencias, religiosidades y opciones espirituales de una sociedad enajenada por el consumo.

El nuevo capitalismo  se ha convertido  en una forma totalitaria para lograr el  poder de las conciencias a través de los mecanismos mediáticos convencionales, simples, cotidianos que se sustraen en tabletas, celulares, computadoras, de la misma forma en streaming,  cuando se refiere a cualquier contenido de medios, ya sea en vivo o grabado, que se puede disfrutar a través del internet y en tiempo real. Los podcasts, webcascats, películas, programas de TV  y videos musicales que son tipos  comunes del contenido mediático, ya que a diferencia de las descargas tradicionales que se guardan en cualquier aparato, los archivos  de medios se eliminan automáticamente luego de reproducirlos, pero se guardan, se mantienen ocultos a la visión popular para ser resguardados por esa minoría que controla el pasado, el presente y define el futuro de las sociedades actuales.

Noam Chomsky señala que: “El internet representa un cambio, pero han habido cambios mayores. La transición entre la comunicación que permitía la navegación a vela cuando surgió el telégrafo a la comunicación que se volvió prácticamente instantánea  y ahora que tenemos internet es sólo más rápida. Hace un siglo, cuando se instalaron bibliotecas públicas en la mayoría de las ciudades estadounidenses, la disponibilidad de información y el incremento en la riqueza cultural fue ampliamente mayor que el que genera internet…Ahora no tienes que cruzar la calle para ir a la biblioteca, puedes tener acceso a información en tu propio living”.

En síntesis, Chomsky afirma que se conecta a Internet constantemente, pero no se fía y cree que habría que relativizar las nuevas tecnologías. Cree que Internet es una suma de ideas azarosas y  que las nuevas tecnologías no lo son, ya que Google o Amazon, entre otros muchos, están acumulando información de las personas, rastrean nuestros hábitos, nuestro comportamiento, las compras que hacemos, lo que hacemos en general, con el fin de dirigir a las personas, el internet tiene cosas constructivas y destructivas, pero el problema es que las constructivas son escasas. (Le Monde).

Para Joseph Stigliz, Premio Nobel de Economía en 1981, ante el imparable avance de la revolución digital y su impacto económico y social, recomendó aprender del pasado para conseguir un desarrollo más sano y equilibrado, la revolución digital es una oportunidad de reducir la desigualdad que desde hace 40 años  agrieta las sociedades occidentales. Su visión del presente no es optimista. Frente a ese supuesto triunfo global de las democracias liberales, mucho de lo que dábamos por hecho está ahora en cuestión, incluso la propia globalización,  ya que sus raíces  son básicamente económicas. Se inició una desconexión entre lo real y lo imaginario.

(The Guardian).

Hoy ante una guerra nuclear en vilo se destacan los intereses trasnacionales de las grandes corporaciones, junto a la maniquea concepción por manipular y controlar conciencias mediáticamente a través de las nuevas tecnologías. Primero se bombardean mentes vía redes sociales previa a la hecatombe mundial en puerta.

Un informe elaborado por The Economist Intelligence Unit (EIU) analiza el nivel de preparación de distintos países ante la llegada de tecnologías como la robótica y la inteligencia artificial. Pero el reverso de la moneda está en las clases trabajadoras  que han sufrido las consecuencias de la desindustrialización.

La revolución digital aumenta la urgencia del reto: “Crece el total de la tarta económica a repartir, pero ya hemos visto que el problema es cómo se está repartiendo esta tarta”. Son tecnologías que pueden traer grandes ventajas, pero también grandes problemas, ante la posibilidad de manipulación política a gran escala con las redes sociales como herramientas y la pérdida de privacidad.

La digitalización de servicios se amplió en pandemia por razones de seguridad y facilidad, la oferta y calidad de conexión a internet no crecieron al mismo ritmo. De no atenderse, esta situación, derivará en una profundización de las desigualdades que afectarán el uso de bienes y servicios de toda la sociedad. Es importante la adopción del manejo de las nuevas tecnologías, si no podrían terminar profundizando las desigualdades en el uso de los servicios financieros digitales y sobre todo las formas de la  vida de la sociedad toda: adultos mayores, discapacitados, mujeres, jóvenes, trabajadores, empresarios, profesionistas y  grupos de extrema pobreza en lo colectivo, familiar e individual.

Los gobiernos están obligados, y sobre todo responsabilizados, en conciliar los beneficios del sector productivo con los consumidores. Todos: sociedad, empresas y  gobiernos.

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