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La reina del Carnaval de Veracruz que mató a sus hijos en 1989

La reina del Carnaval de Veracruz que mató a sus hijos en 1989
Veracruz | 2022-03-18 |
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Evangelina Tejera Bosada nació en 1965 en Veracruz. Sus mejores años los pasó junto a su papá, fue a buenos colegios y se transformó en una guapa mujer. Los atributos que tenía la orillaron a entrar a los certámenes de belleza y fue coronada como “La Reina del Carnaval” en 1983, en el Puerto de Veracruz.

Fue hija de Jaime Tejera Suárez, un prestigiado médico que, sin embargo, transformó su casa en una prisión, encerrando a su esposa, maltratándola igual que a sus hijos, y llegando a apuntarles con una pistola en un arranque de furia causado por su alcoholismo.

Evangelina Tejera, fue una mujer pasó de ser la más querida para convertirse en la más odiada del puerto de Veracruz, nació en 1965 allá en el puerto, fue hija de Jaime Tejera Suárez, un prestigiado médico que tenía su lado oscuro, convirtió su casa en una "prisión", ya que constantemente golpeaba a su esposa y agredía a sus hijos, era tal el maltrato que un día desenfundó una pistola y amenazó a toda su familia... Estos hechos marcarían la vida de Evangelina.

A la postre, sus padres se divorciaron y Evangelina y su hermano Miguel Tejera vivieron con su madre, quien le reprochaba muchas cosas a la joven, entre ellas, ser mujer y ocasionar gastos.

Evangelina estudio hasta la mitad del tercer grado de secundaria. Después se acercó a su padre, quien la convirtió en una sustituta de la madre: invirtió en ella tiempo y dinero para tratar de pulir su educación.

Fueron los años dorados de la chica. Jugaba al tenis, tocaba el piano, asistía a cenas y eventos sociales acompañada siempre de su progenitor. Se transformó en una hermosa mujer con grandes y expresivos ojos verdes. Posteriormente, Evangelina se convertiría en reina del Carnaval de Veracruz alcanzando gran popularidad... Sin embargo, todo ese reino de abundancia y reconocimiento se vendría abajo.

Evangelina no supo manejar la fama y se vio involucrada en adicciones y relaciones tormentosas que más tarde le pasaron factura... Humillaciones, golpes y más, fue lo que recibió por parte de sus parejas, hasta que conoció un hombre con el cual vivió un tiempo. Tuvo dos hijos con él: Jaime y Juan Miguel Tejera Bosada. El padre de los niños nunca los reconoció y por eso llevaban los mismos apellidos de su madre. Luego él la abandonó.

Se hizo amante de un médico muy afamado, casado, quien también terminó por dejarla. Evangelina le pidió ayuda a su familia, quienes a regañadientes accedieron a encargarse de su manutención y la de sus hijos. Tenía continuos conflictos con su hermano menor. Además, era conocida su tendencia casi patológica a mentir e inventar historias descabelladas donde ella era la protagonista.

Su mitomanía sería uno de los rasgos de personalidad más acusados.

Evangelina se mudó al edificio de departamentos de la Lotería Nacional, arriba del local de Telas de México, en la esquina de las calles Rayón e Independencia, frente al Parque Zamora, donde curiosamente seis años atrás había terminado su desfile inicial como Reina del Carnaval. Arregló su departamento, el 501, y colocó plantas en unos enormes macetones color cobre. Allí, sola, comenzó a dar grandes fiestas.

Para entonces, su adicción a la cocaína le provocaba episodios de agresividad. Sus hijos vivían con ella. Evangelina los encerraba en una recámara mientras se celebraban las fiestas en la sala y la recámara restante. Corría el alcohol y la cocaína, y el sexo era la constante. La mayoría de los asistentes eran jóvenes de la alta sociedad veracruzana. Los familiares de Evangelina se escandalizaban ante las continuas noticias de los excesos de la chica. Poco a poco le cortaron los apoyos y la alejaron del círculo familiar.

Hasta que un día Evangelina, que no destacó por ser una buena madre, exploto y la desesperación por verse abandonada y sin dinero decidió terminar con la vida de sus hijos de la manera más atroz, el crimen se lo confesó a su hermano y este dio parte a las autoridades.

Ante los periodistas, que alguna vez la ensalzaron y que ahora la acribillaban con preguntas, lloró y les pidió que la dejaran en paz. Los medios del puerto de Veracruz se engolosinaron con la historia: la caída de la Reina vendía cientos de periódicos.

Gente que vivía en el lugar aseguró que después de que pasó este terrible suceso las cosas en el edificio cambiaron. Miguel, un hombre jubilado, comentó que posteriormente de los asesinatos hubo un incendio y los dueños trataron de desalojarlos.

"Yo me resistí porque la verdad no me alcanzaba; quería seguir pagando renta congelada y por eso me aferré, pero luego me cansé de andar batallando... Y es que no me gustaba mucho vivir en ese edificio, la verdad... como que uno no está a gusto en ese lugar, no sé cómo explicarlo... Luego de noche se escuchan cosas feas, como gritos, quejidos...", declaró el señor.

"Teníamos una vecina que ya falleció, doña Idalia, que era muy sensible para esas cosas... Ella fue la que llegó a ver a los dos niños, a los hijos de Evangelina, jugando en las escaleras, muchos meses después de que se descubriera el crimen... Yo creo que fue por eso que los dueños dejaron que se cayera todo; a lo mejor querían que ya nadie se acordara de lo que había pasado en aquel departamento...", agregó don Miguel.

Evangelina permaneció recluida en el Centro de Readaptación Social Ignacio Allende del puerto de Veracruz. En la cárcel, Evangelina se restableció de sus trastornos y continuó interponiendo recursos legales para lograr su liberación. Dirigió varios negocios dentro del penal, daba clases de aerobics y era nombrada reina del carnaval de los presos.

Posteriormente es transferida al reclusorio de Perote; ahí ganó una mención honorífica en el certamen literario "Cartas a la sociedad" y conoció a quien sería su esposo, Óscar Sentíes Alfonsín, alias "El Güero Valle", reo de alta peligrosidad vinculado al Cártel del Golfo, y en el 2008 su esposo consigue la pre liberación de Evangelina.

Pero Evangelina no se marchó de su lado inmediatamente. Continuó viviendo con su cónyuge hasta octubre de 2008, cuando Alfonsín Sentíes fue asesinado dentro de una celda de castigo. A dos décadas del doble homicidio que sacudió a la sociedad veracruzana, pocos conocen el actual paradero de Evangelina. Sin dinero, sin marido, sin el apoyo de su familia, la antaño soberana del carnaval veracruzano se ha convertido en un fantasma.

EL ASESINATO

El 3 de marzo, a las 10:30 hrs., Tejera en un arranque tomó por los pies a su hijo mayor y lo azotó repetidamente contra el piso, rompiéndole el cráneo. Segundos después fue por su segundo hijo e hizo lo mismo. Tras ver los cuerpos sin vida quiso esconder la evidencia e intentó cremarlos en su propio horno, pero por el tamaño de los cuerpos este horno lo único que hizo fue cocerlos.

Al ver que los cuerpos de los pequeños no habían desaparecido los colocó sobre la mesa, tomó unos cuchillos para cortar carne y los cercenó. Los pedazos de sus hijos los enterró en las macetas de su departamento.

Pocos días después el hermano de Evangelina la cuestionó sobre la supuesta desaparición de sus sobrinos. Ella en un momento de quebrantó confesó que los había asesinado. Juan Miguel Tejera tomó el teléfono y la denunció con las autoridades.

La pena máxima le fue otorgada a esta asesina, 20 años en la cárcel tuvo que cumplir como condena. Dicen que se juntó con las mujeres más peligrosas y aprendió lo peor.

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