Subir al Pico de Orizaba puede ser una experiencia inolvidable, enriquecedora y transformadora, pero también conlleva una gran responsabilidad personal y colectiva.
No obstante, subir al Pico de Orizaba también conlleva riesgos considerables, especialmente si no se toman las precauciones adecuadas. Uno de los principales peligros es el mal de altura o mal agudo de montaña, causado por la baja concentración de oxígeno a medida que se asciende.
Esto puede provocar síntomas como dolor de cabeza, náuseas, mareo, insomnio y, en casos graves, edema pulmonar o cerebral. Por eso, la aclimatación es fundamental para quienes no están acostumbrados a altitudes superiores a los 3,500 metros.
El clima extremo es otro de los riesgos. Aunque se trata de una montaña ubicada en un país cálido, las temperaturas en la cima pueden descender por debajo de los -10 °C, acompañadas de fuertes vientos, granizadas y nevadas, especialmente en temporada invernal.
Si los excursionistas no llevan ropa térmica, guantes, gorros, botas adecuadas o equipo de montaña especializado, pueden enfrentarse a situaciones de hipotermia o congelación.
El glaciar del Jamapa, que forma parte de la ruta más utilizada para llegar a la cima, representa otro peligro importante. La pendiente cubierta de hielo y nieve puede provocar resbalones y caídas graves si no se utilizan crampones, piolet y cuerdas.
En algunas temporadas también existe el riesgo de avalanchas o desprendimientos de rocas o hielo, lo que hace necesario tener experiencia básica en técnicas de montaña o estar acompañado de un guía capacitado.
Además, se han registrado casos de excursionistas desorientados que se pierden durante el ascenso o el descenso, especialmente cuando hay neblina o mala visibilidad. Las largas caminatas, sumadas a la fatiga y al frío, pueden causar deshidratación o accidentes. Cada año se reportan rescates y, lamentablemente, también fallecimientos por no respetar las condiciones de la montaña.
Por todo esto, los expertos recomiendan no subir solo, consultar el clima antes de salir, contar con una buena preparación física, llevar el equipo adecuado y, en caso de no tener experiencia previa, contratar un guía de montaña certificado.
También es aconsejable dormir una noche en un refugio a media altitud para aclimatarse y realizar un ascenso paulatino y seguro.
Con la preparación adecuada, respeto por la montaña y sentido común, es posible disfrutar de esta maravilla natural que ha sido testigo de culturas milenarias, exploraciones históricas y sueños cumplidos en lo más alto del cielo mexicano.
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