Cobertura-Elecciones-2021

Sin patear el pesebre





Aun sorprendidos con la masacre de la frontera marroquí donde la policía asesinó a veintitrés inmigrantes durante su intento de ingresar a la Melilla, ciudad de España, pero ubicada al norte de África, que nos dejó con el amargo sabor de la intolerancia

Ahora nos sorprendió doblemente el hallazgo de los más de cuarenta migrantes que perdieron la vida, después de que traficantes de humanos les metieran como reses en la caja de un tráiler.   Estas personas habrían sido trasladadas desde algún punto de la frontera, hasta el sitio donde fueron encontrados muertos.   Decenas de seres humanos con familias, amigos, país, costumbres, lenguas y credos, murieron lejos de sus seres queridos en forma por demás espantosa.  Migrantes que fueron castigados, solo por haber cometido el terrible pecado de saltar la raya, para mejorar sus precarias condiciones de vida.   

Los más de cuarenta grados, habrían convertido la caja del tracto camión, en un horno rodante.  En ese sofocante ambiente murieron asfixiados seres humanos que se atrevieron a probar suerte, atraídos por la ilusoria oferta que origina el mal llamado sueño americano o "American Dream".   

Ahora con la tragedia del tráiler de la muerte, en la que sin duda existen responsables, entre los que seguramente estarán como primeros sospechosos, algunas manzanas podridas de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos. Pues no logra entenderse, que, siendo una ruta usual para el traslado de ilegales, el transporte de carga haya podido cruzar diversos puntos de revisión, hasta llegar al vecindario Southwest Side de san Antonio Texas, destino final del trasporte de carga, con sus cuarenta y seis pasajeros muertos.

Esta tragedia que enlútese y hiere profundamente los sentimientos nacionales, no debe quedar impune.  Una investigación pulcra, que no solo lleve a la cárcel a los autores materiales, si no que se extienda hasta lograr la identificación de las cabezas que mueven este comercio criminal, debe exigirse sin concesiones.

Sin importar la nacionalidad de las víctimas,  la comunidad internacional debe reprobar y mostrarse solidaria con la causa de los migrantes. De los que dejan a sus familias y su tierra, para ofrecer su mano de obra, la misma que ha enriquecido a muchos de los países del mal llamado "primer mundo", que sin disimulo y sin rubor, han acrecentado sus fortunas a costillas de ellos.


Más columnas