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Atutía, vagos, atorrantes

Columna: Veracruz 12:30 p.m.



No hay tu tía. - Sin remedio ni esperanza la cosa avanza. No hay “atutía” o, como decimos por acá, “no hay tu tía”, para decir que algo no tiene remedio ni hay pretexto que valga. Y la atutía era una suerte de panacea rioplatense. Los marineros que a principios del siglo XX llegaban a Veracruz, debieron dejar el término en algún abrevadero, cantina o tugurio y de ahí pa’ca, “no hay tu tía”, no hay remedio.

Vagos. – Golfos, vagos, haraganes, flojos… De todo hay en la viña del señor y algunos han hecho de tales oficios, verdaderas obras de arte. Por ejemplo, El divino ciego hablaba de sí como un gran haragán, ¿qué acaso no hay haraganería mayor que escribir? ¿Qué no hay mejor vagancia que irse al café, golfear en los billares, flojear a pierna suelta en cama caliente cual consumado atorrante?

Cama caliente llamaban los y a los inmigrantes que, escasos o de plano faltos de dinero, llegaban a un puerto y ante la mucha necesidad de descansar y el escaso número de hospedajes y empleados que los mantuvieran habitables, no les importaba dormir en sábanas que no habían alcanzado a ser cambiadas por la empleomanía del lugar. (Las malas lenguas de cualquier comarca dirán, claro está, que tienen otros datos, pero no el caso discutir).

Atorrantes. – Y atorrantes hay en todas partes, porque atorrante es, por extensión del origen gramatical y objetivo, aquel que sobre cartones o planas de periódico, duerme en un quicio o sobre una banqueta. A. Torrant, o Torrant eran las denominaciones o firmas de fabrica –cita requerida diría un chavo que use Wikipedia— de las cañerías o tubos de drenaje en que los indigentes establecían, en la medida de lo posible, precarias viviendas. Y los atorrantes, dice Daniel Balmaceda en alguna historia rioplatense, eran una auténtica calamidad que ensuciaba la ropa que las lavanderas tallaban en la ribera del río y se conminaba a la autoridad a tomar medidas eficaces. Si la autoridad tomó o no medidas, no se sabe.

Lo que sí es un hecho, y cuento de pescadores que arrulla el mar no será, es que ser atorrante no implica ser vago, ni dormir en la calle ni dentro de un tragatormentas, en las cañerías pues; atorrante es la palabra que designa la paciencia beatífica del pescador ante la ausencia de peces en el anzuelo o en la red. Si usted, lector, lectora, lectere, llegó hasta aquí, fue por su condición de atorrante, de paciente, y el arriba firmante, también. Atorrantes somos todos. O debiéramos serlo en ciertos casos.

Si tiene un amigo, amiga u lo que sea y es napolitano y además de baja estofa, si le dice atorrante, le está diciendo flojo, vago, holgazán. Pero si usted es nativo de estas tierras, sabrá, por experiencia propia, que si en el mar la vida es más sabrosa, más lo es si se puede cavilar frente a un lechero o lanzando una tacada, sobre el difícil arte de la vagancia, que, créalo o no, es un privilegio que de momento se nos niega. (Nota al calce: #QuédeseEnCasa, la salud es primero).

Correo: veracruz1230pm@gmail.com


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