Cobertura Qatar 2022

¿Por qué debemos hablar acerca de la muerte?

¿Por qué debemos hablar acerca de la muerte?
Armonia y bienestar

Puede que no nos guste escucharlo –y menos tener que hablar de ello– pero es innegable el hecho de que todas las personas, en algún momento, vamos a morir. A pesar de que hay culturas que celebran la muerte, alegres de que la persona fallecida finalmente se libere del sufrimiento propio de la naturaleza humana, muchos de nosotros no podemos evitar pensar en la muerte como algo triste y doloroso. Y si bien es propio de algo tan intenso como la muerte de un ser querido el llevar un duelo y un luto, es muy importante que dejemos de tratar a la muerte como un tema tabú y se hable de ella como lo que es: algo normal que es parte de la vida.

Las ventajas de iniciar esta conversación son muchas: podremos encontrar en los demás a alguien muy parecido a nosotros mismos, que le desconcierta la incertidumbre de la muerte.  Asimismo, crearemos un espacio para que cada persona comparta lo que piensa acerca de la muerte libre de juicios y represalias. Por último –y no por eso menos importante– nos sensibilizaremos ante las pérdidas que sufren los demás.

Este punto es especialmente importante, ya que se trata al tema de la muerte como algo tan delicado e impropio que hay quienes simplemente no saben qué decir ni qué hacer cuando alguien pierde a un ser querido. O peor aún: dicen lo que las series y películas les han inculcado (el famoso “ahora está en un lugar mejor”), causando en ocasiones un mayor malestar.

Viendo a la muerte con otros ojos

No hablar de algo tan real e inevitable como la muerte solo puede perjudicar nuestro desarrollo como personas, al ignorar una de las partes esenciales de la vida y de la humanidad. En filosofías como el budismo, se medita constantemente en la realidad de que nadie sabe ni cómo ni cuándo va a morir. Situaciones actuales como la pandemia de COVID-19 o el índice de violencia en el país deben recordarnos que la supuesta norma de muerte por vejez no siempre aplica.

Por ello, nos conviene vivir diariamente intentando ser la mejor versión de nosotros mismos, ya que desconocemos el momento de nuestra muerte. Es interesante cómo quienes han aceptado incondicionalmente este hecho, han encontrado la manera de utilizarlo para su beneficio, viviendo el día a día al máximo y como si fuera el último. Si lo pensamos con objetividad, realmente puede serlo, y qué mejor que darlo todo mientras podemos hacerlo.

La muerte y la empatía

Ahora bien, es igualmente necesario hablar del tema antes de que algo suceda, puesto que así sabremos cómo reaccionar constructivamente si tenemos que dar –o recibir– la noticia acerca del fallecimiento de alguien. Es muy conveniente dejarle claro a nuestros amigos y familiares cómo nos gustaría recibir una noticia así. Hay a quienes les resulta hiriente lo que para otras personas son palabras de aliento, por lo que es mejor tener dicha conversación en cuanto antes. Hablar de ello no quiere decir sucederá próximamente.

Por otro lado, cuando nos toque ser portadores de esta noticia, hemos de tener presente uno de los cuatro acuerdos: ser impecables con nuestras palabras. Es mejor tomarnos el tiempo apropiado para dar la noticia o el pésame, en lugar de decir lo primero que se nos venga en mente. Sin importar nuestras intenciones, decir las cosas sin tacto o usando palabras equívocas puede resultar contraproducente. Recordemos todo el tiempo que estamos tratando con personas sintientes, al igual que nosotros.

Dejar de ver a la muerte como algo que se pudo haber evitado si tal o cual cosa hubiera sido diferente o como algo a lo que temerle y nos paralice solo puede tener resultados positivos. Aceptar lo que no se puede evitar nos empodera y hace que dejemos de invertir nuestro tiempo y energía en pensar escenarios que pudieron haber sido. En lugar de ello, conviene hacer las paces con lo que nos espera al final del camino, y así aprovechar más la jornada.