| 2025-04-04
El devastador terremoto que golpeó Myanmar hace cinco días sigue generando estragos, con edificaciones colapsando a días de haber ocurrido el terremoto y complicando la labor de los equipos de rescate, quienes luchan por encontrar sobrevivientes entre los escombros.
Las organizaciones humanitarias han reiterado la urgencia de la ayuda, especialmente en las regiones más aisladas. Antes del desastre, la guerra civil que asola el país desde hace cuatro años ya había dejado a millones sin viviendas seguras y con sistemas de salud y comunicaciones gravemente deteriorados.
En Sagaing, una localidad cercana al epicentro, los habitantes relataron momentos de desesperación mientras esperan la llegada de insumos médicos y alimentos esenciales. Amnistía Internacional conversó con tres residentes que destacaron la urgente necesidad de linternas, espirales contra mosquitos y bolsas para cadáveres. También reportaron que el Ejército, con gran influencia en la región, mantiene un estricto control sobre los vehículos que se trasladan desde Mandalay.
La junta militar informó que el terremoto de magnitud 7,7 ha cobrado la vida de más de 2.700 personas y ha dejado a miles de heridos. Además, centenares de personas siguen desaparecidas, lo que sugiere que el número de víctimas fatales podría aumentar.
El martes, una mujer de 62 años fue rescatada entre escombros de hormigón en Naypyidaw. Un día después, el Departamento de Bomberos publicó un video que capturó el emotivo rescate de un hombre que había permanecido atrapado por más de 100 horas. Exhausto y cubierto de polvo, emergió de un reducido espacio entre losas destruidas, mientras era recibido con aplausos.
Las estructuras más frágiles del país continúan desplomándose a medida que se registraron nuevas réplicas. Esto subraya el peligro al que están expuestos los socorristas, según informes de organismos defensores de derechos humanos.
La noche del lunes, dos hoteles en Mandalay, la segunda ciudad más poblada del país, se vinieron abajo luego de que sus ocupantes regresaran a ellos tras el sismo inicial. "Con cada nuevo temblor, el número de víctimas sigue en aumento", declaró Michael Dunford, representante del Programa Mundial de Alimentos de la ONU en Myanmar.
Dunford también destacó que muchas familias siguen acampando en calles y parques, temerosas de volver a sus hogares por el riesgo de nuevos derrumbes. Esta situación obstaculiza los esfuerzos humanitarios para entregar ayuda a los afectados.
Desde el golpe de Estado en 2021, la junta militar se mantiene en el poder, lo que ha intensificado el conflicto con grupos rebeldes y empeorado la crisis humanitaria en el país. Ahora, tras el terremoto, Myanmar enfrenta una tragedia aún mayor.