Sucedió en Veracruz
Cuéntame tus anécdotas y te diré quien eres

Breves relatos de personajes muy particulares

Mi “sociedad” con Celio González

Hace algunos años, en un centro nocturno ya desaparecido, trabajé como animador durante 6 meses al lado del famoso cantante cubano Celio González (qepd); es quien se hizo famoso por sus inigualables interpretaciones de “Total”, “Vendaval sin rumbo” y muchas canciones más.

En una ocasión me dijo: ¿quieres ganar dinero? a lo cual inmediatamente dije que sí. Él tenía varias cajas de discos -en aquel entonces LP´s- y me dijo: “Si los vendes, te doy una comisión”.

Ni tardo ni perezoso comencé a ofrecerlos a las parejas del público y se vendían como pan caliente. Yo preguntaba el nombre de la dama, redactaba una dedicatoria afectuosa y Celio la firmaba.

Los compradores pensaban que el texto era del cantante, pero yo era el redactor. Hubo noches en que gané más de comisiones por la venta de discos que lo que me pagaban como animador… ¡Lo que hay que hacer para ganar dinero!

 

¡Diez en un día!

Al gobernador que más le he trabajado en calidad de maestro de ceremonias, es a Dante Delgado. Pero nunca imaginé conducir diez eventos en una sola jornada.

Estoy hablando de una decena de escenarios distintos, con su motivo propio, su gente esperando y el respectivo equipo de sonido ya instalado.

En cuanto daba yo la bienvenida al gobernador, hablaba sobre el motivo del evento, presentaba al orador en turno y, al final, hablaba el gobernador.

Comenzando su discurso, en una camioneta me trasladaban rápidamente -de “avanzada”- a la siguiente inauguración; el programa fue el mismo en todas partes… ¡Qué lástima que no nos acompañó ningún representante de los Récords Guiness!


Y póngale como quieran

La historia de siempre, una desconocida señora me habló por teléfono para que presentara a su hija en sus 15 años. Fijados los honorarios, acepté. 

¡Qué fiestón, como pocos!, en el Baalbeck, con más de 700 invitados, chambelanes de la Escuela Naval Militar, conjunto musical, con filmación en video (cuando esto era un lujo), etcétera.

Ya casi al final de la fiesta, el papá de la festejada -un conocido  abogado de nuestra ciudad- se llevó a la quinceañera y solo quedó la mamá.

Cuando la fiesta terminó, quienes habíamos apoyado al éxito del festejo, nos acercamos a cobrar. Para esto, la señora se sentó en la orilla de una silla, se  quitó las zapatillas,  y con toda desfachatez del mundo dijo: “Si creen que les voy pagar, están equivocados; además, no hay nada firmado. No tengo dinero… ¡Y póngale como quieran!”


La obsesión de Fidel Herrera 

Hay situaciones que obsesionan al ser humano y una de ellas es el poder sentarse en la mesa de honor de un evento.

Hace más de tres décadas, a punto de conducir una ceremonia, se me acercó un jovencito, moreno, delgado, vestido todo de blanco y me preguntó con cierta timidez si aparecía en la mesa de honor, como tenía que checar, le pedí su nombre y él me dio su tarjeta: Licenciado en Derecho, Fidel Herrera Beltrán.

Como le dije que no, se retiró sonriente y se sentó en primera fila. Durante tres o cuatro años se repitió la misma escena… con los mismos resultados.

No supe de él durante algún tiempo hasta que, en otro evento político, el que llegó fue uno de sus ayudantes, pero ahora la tarjeta decía “Diputado”.

A partir de ahí, su nombre aparecía en mi lista con mayor frecuencia, pero él nunca era la figura central. Fue hasta el año 2004 en que, en todo evento, el primer lugar de lista lo ocupaba su nombre, ahora con el título de “Gobernador del Estado de Veracruz”.

 

¿Qué va a decir?... ¡No sé!

En una de las visitas a Veracruz, del presidente Carlos Salinas de Gortari, fui el maestro de ceremonias de su recepción en el zócalo.

Antes de que él hiciera su arribo, se me acercó un soldado y me dijo: “Que dice el coronel que me diga qué va a decir”… ”Dile -le contesté- que no sé”.

A los 10 minutos, llegó un capitán, quien me hizo la misma pregunta y a quien le di una respuesta similar… 5 minutos después se aproximó el dichoso coronel, me preguntó lo mismo y le contesté igual.

Molesto -y con voz de coronel- me dijo: ¿Cómo es posible que esté a punto de llegar el presidente y usted no sepa lo que va a decir?

Le tuve que explicar que el Departamento de Prensa -hoy llamado de Comunicación- quedó de redactarme un guión, el cual todavía no me entregaban… Fue lo que me salvó de la furia del dichoso militar de alto rango.

Por cierto, apenas se alejó, apareció el presidente en el balcón principal de palacio y, como el guión nunca llegó,¡tuve que improvisar!... lo  que significa que nunca mentí las tres veces que contesté.

¿tu reacción?

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