La ciudad y la niebla
Crónicas de lluvia de principios del siglo XX

Hacia los primeros años del siglo XX, posiblemente hacia 1922, llega a la ciudad de Veracruz, Frances Erskin Inglis, viajera mejor conocida como la marquesa Calderón de la Barca.

A su arribo hace una de las descripciones más bellas de la ciudad: “una espesa neblina suave y caliente se había extendido sobre el puerto de Veracruz, prácticamente ocultando su contorno de los pasajeros parados junto al pasamanos”… y continúa “Hubiera podido ser Londres: tal era la calidad y densidad de la neblina”.

De hecho, Calderón de la Barca con su sensibilidad captó diversos detalles de la vida de Veracruz, entre los aspectos que ella menciona están la comida, el paisaje marino y urbano, los sonidos y el aspecto físico del habitante del puerto, entre otros.


Contexto

Cuando ella llega, estaba en el gobierno estatal Adalberto Tejeda, quien apoyó el movimiento inquilinario y aplicó la Reforma Agraria. 

Esos eran algunos de los aspectos que se vivían en ciertos sectores de la sociedad, pero ahora caminaremos o nos adentraremos al interior de la ciudad para conocer que se vivía en su cotidianeidad bajo el panorama que nos plantea Calderón de la Barca y la situación política que se vivía en el país y en la ciudad.

El periódico El Arte Musical, del año 1922 nos refiere algunos de los momentos de lo que sucedía en el día a día.

Así por ejemplo tenemos una nota que hace referencia al viaje que hace el señor Evaristo Colina, quien era socio de la droguería Santo Domingo, edificio que en la actualidad ocupa el espacio cultural Casa Principal”. Siendo una ciudad pequeña destacaban estos hechos que tenían que ver con la población en general.


Las ofertas

Las diversas “temporadas” también preparaban a la población, así se le recordaba que la época de lluvia estaba próxima, por lo que se ofrecía en algunos establecimientos un buen surtido de impermeables para señoras, caballeros y niños al igual que elegantes paraguas de todas clases con un costo desde $4.00, además de “elegantes paragüitas para señoras y sombrillas de última novedad”. 

Esto se podía adquirir en La Galatea, quien se anunciaba como almacén de sedería, novedades y artículos de lujo propiedad de don Natalio Ulibarri, ubicada en Independencia 39.


La lluvia

Unos entraban y otros salían, entre la época de lluvia, las fiestas religiosas y algunos momentos chuscos se cocinaba la vida en el Veracruz del siglo XX.

En cuanto a la fiesta, comentamos brevemente la llevada a cabo en el Casino Veracruzano en el mes de julio. El motivo fue festejar a las Carmelitas, dado que en ese mes, 16 de julio, se festeja a la Virgen del Carmen.

Otra celebración que llama la atención es la de la Virgen del Pino, los encargados de llevar a cabo la organización de esta era la colonia Ibera y familias porteñas, la función tuvo lugar en la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora.


La vida nocturna

Las actividades festivas se realizaban en el Parque del Club España en donde se efectuó el juego de pelota, hubo además en el “coso” de Villa del Mar una corrida de toros, esta actividad estuvo acompañada por las madrinas, quienes desde el palco de honor contemplaban la corrida luciendo hermosos trajes y “sus agraciados rostros, en los que se retrataban la alegría ingenua y la hechicera y sugestiva sonrisas de almas juveniles”.

En el palco estaban Josefa Barreda, Luisa Calleja, Josefa Antuña, Consuelo Beraza, Rosa Gil, entre otras.

En la corrida se dieron revolcones, sustos y notas chuscas, pero también se manifestó el valor. Finalmente por la noche en el Club España no podía falta el baile, dando con concluida la festividad con el bailongo.


El humor

El carácter alegre se manifestaba también por escrito y de manera pública, en el Arte Musical aparece una nota titulada Piruetas y Visajes. De otros y míos en donde se publican algunos chistes como los que enseguida transcribimos.

 “Decía un abogado a cierto ladrón, a quien acababan de poner en libertad gracias a su magistral defensa: -Bien puedes estarme agradecido. Tu salvación es casi un milagro. Y el cliente le respondió con lágrimas en los ojos: -Señor soy pobre, pero no tenga usted cuidado, porque lo primero que robe será para usted”.

O este otro. “Agonizaba un beodo y sufrió un desmayo. El médico pedía éter o vinagre. –No hay más que aguardiente. El médico aplica la botella a la nariz del enfermo y éste le dice, haciendo un esfuerzo: ¡Ahí, no; más abajo, señor doctor, más abajo. Están rubricados por J. de Aragón.

Entre visiones de un puerto en bruma, la mirada de una mujer, las celebraciones y los chistes podemos tener una idea de cómo se vivía la cotidianeidad en la ciudad y puerto de Veracruz en los primeros años del siglo XX.

 

¿tu reacción?

conversaciones de facebook