JOHN STITH PEMBERTON
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EN LA OPINIÓN DE QUILLO

El 21 de enero de 1893, se patentó la fórmula del compuesto químico más famoso en el mundo, la Coca Cola. Estoy seguro que de cada cien personas, por lo menos 99 han tomado esta bebida, la más famosa en el planeta. 

Me encantan las leyendas urbanas; por ejemplo, uno de los mitos más populares alrededor de esta bebida es precisamente su fórmula, compuesto químico que es tratado como un secreto comercial. Aunque, el 15 de febrero de 2013, la revista “Time” reveló que un grupo de “detectives accidentales” encontró la lista de ingredientes de la Coca-Cola. Por supuesto que la empresa productora negó dichas aclaraciones y aseguró que no eran verídicas, aunque varios medios de comunicación ya habían revelado la receta.

El 8 de mayo de 1886 comenzó la historia de Coca-Cola en Atlanta, Georgia, Estados Unidos. El farmacéutico John S. Pemberton quería crear un jarabe contra los problemas de digestión y que además aportase energía, acabó dando con la fórmula secreta más famosa del mundo. 

La farmacia Jacobs fue la primera en comercializar la bebida a un precio de 5 céntimos, de dólar (de aquel entonces) el vaso, vendiendo unos nueve vasos cada día. Esto se convirtió en el inicio de una historia que ya lleva más de 130 años. 

Con respecto a la digestión, puedo señalar que he escuchado a varias señoras decir: “cada vez que se come mole, debemos tomar coca”. Y personalmente, en una ocasión que me sentí mal por estar desvelado después de una buena parranda, alguien me recomendó tomarme un vaso de esta bebida con bastante hielo y el alivio fue mágico. 

El señor Pemberton nació en la ciudad de Knoxville, Georgia, USA. Yo viví un tiempo en la ciudad de Knoxville, Tennessee. El intercambio escolar en el que me encontraba, me llevó a pasar un tiempo en la ciudad de Bristol, Tennessee. 

Esta ciudad está en la frontera con el estado de Georgia y una calle marca la frontera de los dos estados (Georgia y Tennessee). Muchos relatos me contaron sobre persecusiones policiacas que se resolvían con solo cruzar esa calle. 

Bristol era una ciudad pequeña, cuando yo estuve, como el Veracruz de mi niñez, me gustaba ver que todos los habitantes de alguna u otra manera se conocían y que seguían todas las fórmulas de la buena educación cada vez que se encontraban. 

Había pocos extranjeros en Bristol; así es que, mi presencia fue tema por algunos días de varias familias de la localidad. Las actividades eran todas alrededor de la iglesia todos los días de la semana por ejemplo: la lectura de la biblia para jóvenes, adultos y niños, el café de los señores, el de las señoras, las tardes de jugar billar, cartas, etc. y por supuesto el domingo que muy temprano era el oficio religioso y después un lunch muy abundante. 

El señor Pemberton descubrió informes sobre las virtudes de la planta de coca, que tenía fama de actuar como estimulante, ayudando en la digestión, como afrodisíaco y que además prolongaba la vida. Pemberton, como buen famacéutico, en ese momento tuvo claro que su bebida iba a girar en torno a la coca, ignorando que la coca (elemento encontrado en la hoja de coca) puede resultar adictiva. 

A lo largo de mi vida, he conocido varias personas, por no decir muchas, que no pueden estar sin tomar esta bebida de color negro. Una excelente amiga puertorriqueña (compañera de la universidad) me decía: “Yo antes de desayunar me tomo una latita (íbamos a las máquinas expendedoras) y me siento viva”, a lo que yo comentaba “pero está nevando y la máquina las da frías” y ella “no me importa, aunque no pueda hablar mientras me la tomo”. 

En una ocasión, le dije que eso ya marcaba un cierto tipo de adicción a lo que muy oronda contestó “tú tomas mucho café negro y eso también es una adicción”. Nos reímos un rato porque no pude rebatir su argumento. 

El señor John Pemberton falleció en Atlanta a los 57 años (muy joven) en agosto de 1888, en extrema pobreza, adicto a la morfina y víctima de un cáncer de estómago. Su hijo Charles Pemberton siguió vendiendo una alternativa a la fórmula de su padre, pero Charles falleció seis años después. 

El cuerpo de John Pembenrton fue llevado a Georgia y enterrado en el cementerio de Linwood, en Columbus. Su lápida está grabada con símbolos castrenses que señalan su servicio militar confederado y su orgullo de ser francmasón.

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