El dulce sabor del siglo XIX
En la variedad está más allá del Golfo de México

En el siglo XIX en la ciudad y puerto de Veracruz se recibían de lugares allende el mar dulces elaborados con diversos ingredientes, colores, sabores, tamaños y figuras. Estos eran enviados a los diversos depósitos que había en la ciudad y puerto de Veracruz siendo uno de ellos la dulcería la J. Aragonesa misma que los distribuía a otros establecimientos. 

Los ingredientes con los que se elaboraban generalmente eran frutos y los dulces recibían nombres de los más variados vendiéndose en las diferentes dulcerías que, a su vez se les conocía por lo que ofrecían, por el nombre del dueño o del establecimiento.

En la actualidad quizás algunos de ellos se sigan elaborando, tal vez han cambiado de forma, se ha modificado el sabor y hasta el diseño, de otros quizás solo quedan en la memoria de nuestros abuelos, en alguna vieja receta o han desaparecido.


En la región

A lo largo de México encontramos una gran variedad de dulces, dulces donde se combinan productos naturales y frutas que le dan un sabor peculiar a cada uno de ellos, la ciudad de Veracruz tampoco es ajena a este proceso de endulzarnos la vida así que nos dimos a la tarea de indagar que había en Veracruz para el año de 1880, que tiendas y que dulces eran los que se vendían, aclarando que esto solo es una muestra y probadita de lo mucho que seguramente se producía y que lo conocemos a partir del periódico el Diario Comercial del año 1880 y de algunos Directorios de la misma ciudad.


La variedad

Uno de los depósitos de dulces, como ya lo mencionamos, fue la J Aragonesa, su propietario lo fue el señor Manuel Segura. En el establecimiento se vendían productos hasta exóticos como los Dátiles de Berbería, de éstos hay una referencia de la cual nos habla Francisco de Quevedo, escritor español del siglo de oro nacido en Madrid, el escribió:

 “A los paganos te llegas, de los quitanos te vas,

Santo Tomé te defienda del amante Guardián.

Dátiles de Berbería, niña, valen mucho más

que quítales de Toledo, que es una fruta infernal.”

El higo

El árbol que produce tan singular fruto es originario de Egipto y fue introducido por los árabes en España, al fruto se le describe parecido al dátil, cuando está maduro, y su sabor dulce es parecido al de la manzana. Los datos de su origen nos hablan o nos proporcionan pequeños testimonios de nuestra historia. 

En otra nota encontramos que se surtían dulces finos y extrafinos como jarabes, pastillas, frutas cubiertas y abrillantadas mismas que se podían encontrar en a dulcería de la J. Aragonesa además de que ahí se vendían los “higos pasados de Smirna”. 


Aportes

Este higo era de los mejores cultivado en la zona de Izmir y se comercializaba en forma de higo seco. Según la información localizada el higo se daba en la región cercana a la costa, de clima suave en invierno y caluroso en verano. 

Una de las características del higo es que es rico en potasio previniendo las enfermedades reumáticas y además combate la hipertensión. Estos deliciosos frutos se transformaban en dulces para ser vendidos a la población veracruzana y tal vez de otros lares.

También se vendían dulces del país como los “Camotitos de Santa Clara” que llegaban de Xalapa y eran enviados en tren, además le agregaban el costo “a tres reales la docena”.


Del centro

Otro dulce que llegaba del interior era el Guayabete de Morelia. Este era enviado por la dulcería del Paraíso ubicada en el Portal de Iturbide, letra Y en Morelia, creada en el año de 1840 siendo su dueño el señor Ignacio Martínez. 

La dulcería recibió un premio: la medalla de plata, en la primera exposición que se desarrolló en Michoacán en el año de 1877. Esta dulcería se anunciaba como la fábrica en donde se elaboraban dulces de todas clases, “batidos y cubiertos” vendiéndose al mayoreo y al menudeo. 

La J Aragonesa hacia el año de 1880 tenía como dueño al señor Manuel Segura y  para los años 1913 – 1914 el establecimiento según el Directorio Comercial de E.M. Brime aparecía Crescencio Zárate.


De todos los colores y sabores

La J. Aragonesa fungía como una fábrica y depósito de dulces elaborados en el país y estaba ubicado en la Calle Principal (hoy Independencia), en el número 142.

Los dulces que en ella se tenían iban desde pastillas de licor, galanas de frutas de café, yerbabuena, de menta, de frambuesa; caramelos de anacahuita, frutas cubiertas y abrillantadas diversas como el higo, pera, durazno entre otras, almendras en diversas formas cubiertas y garapiñadas.

Además se vendían flores imitadas, papeles picados, flores artificiales, cajas para envoltura, y todo lo relacionado al ramo.

El anuncio terminaba con la siguiente línea “Y todo cuanto al ramo corresponde y exigir pueda el gusto más refinado”.

El anuncio que aparece en el periódico El Diario Comercial del año 1880 nos da una idea de los productos que se consumían como golosinas en la ciudad, a esto le tendríamos que añadir aquellos otros que se producían y consumían en el puerto y que eran traídos de lugares aledaños.

 

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