Diligencia
K.O. Lima Lama | Agustín Gálvez

¿Cuál es el primer pensamiento cuando escuchas la palabra diligencia? Yo recuerdo cuando escuche por primera vez esto fue de un maestro que nos solicitaba actuar con diligencia y la imagen que vino a mi cabeza fue las carretas que solían salir en las películas viejas del oeste o de vaqueros. La verdad es que no tenía muy claro a qué se refería este maestro con esa solicitud. 

Conozco varias personas que podrían encuadrar en esta historia, pero para no excluir a ninguno le pondremos un nombre ficticio. Roberto, parte de un grupo que dirigía una asociación deportiva, siempre participaba en todo, era el primero en llegar y el ultimo en retirarse, lo que se le reconocía siempre era su gran disposición para todo, nunca decía que no a nada y aun cuando nadie más quería hacer el trabajo el decía, no se preocupen, yo lo hago, para muchos Roberto era un tipo fácil de manipular, pero para los que lo conocían mas y lo estimaban, simplemente decían, - es Roberto – siempre dispuesto, siempre listo para lo que fuera, era una persona que no solo se preocupaba por que todo saliera bien, más bien se ocupaba en todo.

Ya más o menos tenemos la idea de que es la diligencia, pero trataremos de darle una definición más clara, la diligencia es la disposición de resolver con rapidez e interés lo que ha de hacerse, es la acción necesaria para la realización de algún asunto.

Hay una situación que pasa en la mayoría de las agrupaciones, muchas veces nos comprometemos en una acción o tarea a realizar y pocas veces realmente realizamos dichas acciones a las que nos hemos comprometido, en la mayoría de estas situaciones nos dejamos llevar por el ánimo o el entusiasmo del momento, pero cuando llega el momento de ejecutar las tareas, buscamos las justificaciones o pretextos para no hacer dichas actividades, sobre todo, cuando esto requiere un esfuerzo extra o desgaste adicional a lo que estamos acostumbrados, si las tareas a realizar llevan una rutina o tenemos que invertir esfuerzos periódicos, es decir, esto se tiene que realizar tres veces por semana, o cada fin de semana o cualquiera que sea el lapso de tiempo requerido, al principio lo realizamos con mucho entusiasmo, sin embargo, conforme va pasando el tiempo vamos buscando las razones que más nos acomoden, para poder dejar de realizar lo que ya teníamos como compromiso.

Muchas veces dejamos de ser diligentes en todo y tristemente esto se va haciendo un habito, mal habito por supuesto, llevándolo de las tareas más simples o sencillas hasta las cosas o cuestiones trascendentales de la vida, dejamos de ser diligentes en el trabajo o en la escuela, según sea el caso, dejamos de ser diligentes en el entrenamiento y cuando se complican las cosas, dejamos de ser diligentes hasta en la propia familia, cuantas veces no llegamos a escuchar de una pareja, - pues si así lo quiere, que así sea, ya no me interesa lo que piense o lo que haga, y hasta con los propios hijos llegamos de decir, - pues yo le he dado lo mejor, educación y hasta dinero, le he dado lo mejor, si ya no quiere salir adelante, ya no puedo hacer nada.

Ser diligente no reza nada mas en darnos cuenta de lo que ha de realizarse, hay que preocuparse, pero más que solo preocuparse hay que ocuparse de todo cuanto podemos hacer en nuestro derredor, se trata de la donación generosa de uno mismo, en su tiempo, en sus acciones y hasta en nuestra economía por tratar de realizar las cosas precisas en el momento adecuado.

La diligencia es un valor que aprendemos desde todo la vida sin darnos cuenta, en nuestros hogares, nuestros padres son diligentes siempre, preocupados en atendernos y brindar lo mejor de sus personas en nosotros sus hijos y cuando nos toca ser padres, entendemos lo valioso de este valor, ya que nos toca ser la parte que se preocupa y se ocupa del cuidado de sus hijos, resolviendo sus necesidades primarias y ayudándoles o enseñándoles a resolver de acuerdo a su edad y desarrollo, lo que les toca resolver, y así sucesivamente, aprendamos a tener una vida diligente, comprometida y hasta sacrificada, en donde podamos brindar lo mejor de nosotros mismos a los demás.

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