Canaliza lenguaje y libertad
Agencias
Fernando Rivera Calderón y su gusto por la lectura

“Hay que informarse, reflexionar y abrirse”, afirma

Fernando Rivera Calderón es un ser polifacético. Es lector, escritor, poeta, locutor de radio y TV, así como músico y productor. Los medios de comunicación han ocupado gran parte de su vida, estuvo al frente del Palomazo Informativo en Canal 40, El Weso y la Noche W, en W radio, también ha sido columnista de la revista La mosca en la pared, y por si fuera poco, es integrante del grupo Monocordio, su alter ego musical. 

Hace unos días estuvo invitado en la ciudad de Xalapa para dar una charla sobre los jóvenes y la lectura y ahí platicamos, entre otras cosas, de México y los mexicanos.

- ¿Por qué eres poeta?

- Supongo que porque no puedo evitarlo, porque me gustan las palabras, me gustan las emociones, me gusta hablar con las palabras cosas que pareciera que no se pueden explicar, pero se puede uno aproximar. Usamos el lenguaje de dos maneras en este mundo humano, de una manera utilitaria, como quien usa un martillo para clavar un clavo, pero también el lenguaje tiene otra faceta, en donde es radicalmente libre y es la poesía. 

Y así como yo uso el lenguaje para pedir un café o hablar con los vecinos, también llega un momento en la noche que yo me encierro con mis palabras, me pongo a jugar con ellas, como si fueran una pequeña hoguera que me ilumina, que es libre, que no tiene forma y que yo trato de atrapar. Por eso me gusta la poesía y por eso la amo.

- Dijiste en tu charla que algún día la nube (refiriéndose a los archivos virtuales) se puede caer y con ello toda la información que esta generación ha almacenado...

- Sí y puede suceder. Sé que vivimos en un época en la que nos sentimos muy seguros de eso que no vemos, también en una época, la sociedad estaba segura de que había un Dios que nos cuidaba y protegía y de pronto, se nos cayó la nube. 

Creo que esta es una nueva fe, creemos en la información, que no nos informa de nada realmente, pero creemos en ella. Y toda la información está en un espacio, invisible, en la nube. Ahí están los libros, ahí están nuestras fotos, ahí están nuestras conversaciones íntimas, pero se nos puede caer, igual que se nos cayó la fe (risas).

Pero al final, los libros ahí están, aunque muchos los quemen, aunque muchos los vendan por kilo, los libros seguirán siendo como las personas, pruebas fehacientes de nuestro paso por el mundo. Lo virtual no existe y es probablemente en donde más estamos invirtiendo tiempo y conocimiento, y al final, es probable que nos deje bailando en la nada.

- ¿Hacia dónde van los medios de comunicación? Parece que todos están en crisis, la TV, la prensa…

- Lamentablemente vamos hacia una tiranía de la dispersión. Hace algunas décadas, las dictaduras o la tiranías, los regímenes radicales imponían una verdad y prohibían otra. 

Ahora vivimos una tiranía muy peculiar donde todo se vale, donde todas las verdades son posibles y una anula la siguiente, prendes la radio y escuchas la noticia de unos niños que murieron en una guardería y luego te dicen cuántos goles metió el Atlas y la siguiente es un chiste, y luego te anuncian almohadas. ¿Y dónde quedó el tiempo para reflexionar sobre lo que pasó?

Digo que una tiranía de la dispersión y de la distracción, porque este mundo de medios, del que vivimos tan atentos, nos impide detenernos, va contra la reflexión y eso nos hace mal como humanos, nos están haciendo creer que no vale la pena detenerse en nada, eso nos está volviendo seres irreflexivos y esto nos hace responder emocionalmente a los estímulos, como animalitos. 

Y creo que si perdemos la capacidad de pensar, de tomarnos un tiempo, de apagar el teléfono, cada vez escucho menos que la gente diga “Tengo que pensarlo”, “Déjame lo voy a reflexionar” y tenemos derecho a tomarnos un tiempo, no todo tiene que ser inmediato. 

Yo creo que tenemos que defender el derecho al tiempo de pensar, aunque el mundo vaya a 100 y enseñarle eso a las nuevas generaciones, que tenemos el derecho de decir “espérame, quiero pensar lo que voy a decir”, “quiero pensar lo que voy a tuitear”, “quiero pensar lo que voy hacer”. 

Si perdemos esa capacidad, pues vemos lo que pasa hoy en las redes sociales, una cantidad de mensajes, racistas, clasistas, machistas, violentos, que buscan descalificar al otro, porque no se puede argumentar, pues no se piensa lo que se dice y la gente termina mentándose la madre.

- ¿Qué opinas de esas plataformas de streaming como Netflix, que te dan la impresión como de que tú eliges lo que ves?

- Son enriquecedoras en la medida en la que tú tengas la capacidad de elegir, aunque en realidad esa capacidad de elección, como bien dices, es un espejismo porque puedes elegir entre varias cosas que son básicamente lo mismo. 

Es como cuando vas a elegir un shampoo… aparentemente hay uno para cada necesidad, pero miras lo que contienen y son los mismos ingredientes, solo cambia la botella. Ese es el mundo de ahora y por eso necesitamos mejores lectores, por lo menos lectores que lean lo que trae el shampoo, lo que contienen las papitas, porque para eso también es la lectura, para saber lo que nos estamos comiendo, para saber qué estamos consumiendo y elegir conscientemente. 

Somos un poco analfabetos funcionales. Es decir, leemos, pero no comprendemos. Leemos, pero no le damos un tiempo a reflexionar sobre esa lectura. Pareciera que es un tiempo perdido, pero yo defiendo siempre el tiempo para la reflexión, me parece muy valioso.

- Y por último, ¿cómo somos los mexicanos?

- Imposibles. Mira, me encanta ser mexicano, pero sí creo que hay un sector importante de la mexicanidad, que hasta lo que no comemos nos hace daño, no nos acomoda nada, que hay un rechazo per se a todo intento de cambio, a todo intento de abrirse, somos muy cerrados. Somos un pueblo reacio a cambiar y no entendemos que los cambios llegan aunque no quieras, que las sociedades cambian aunque se nieguen a cambiar. 

México está viviendo eso y no necesariamente todo cambio es para bien, pero se tiene que transformar todo, es una evolución. Este país no es de piedra. Ya lo dijo Darwin, las especies que sobreviven son aquellas que se adaptan a los cambios y para adaptarse hay que leer, hay que informarse, hay que reflexionar y hay que abrirse.

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