Anécdotas en Veracruz
Relatos del puerto contemporáneo

Es obvio que la anécdota trasmitida oralmente tiende a ser distorsionada con el tiempo, al pasar de boca en boca; incluso ha sucedido que un mismo relato se le atribuye a personas distintas. En aras de la exactitud, no hay como la palabra escrita, para apegarse a su autenticidad. 

Un buen ejemplo nos lo ofrece el escritor español Pancracio Celdrán Gomáriz, quien es el autor del “Anecdotario Histórico”, libro que  consigna mil relatos (numerados), lo cuales  abarcan tres mil años de historia. 

Según este especialista, la anécdota: 

  • Presenta aspectos, caras y facetas poco conocidos o claros.
  • Une corazón y pensamiento, razón y emotividad.
  • Es una selección natural e intuitiva que ha hecho el hombre a lo largo de la historia.

Si bien la obra mencionada solo nos habla de grandes personajes, ello no significa que usted o yo -o cualquiera- no pueda relatar, de preferencia por escrito, sus propias vivencias.  


Pasa negro...

Algunos varones veracruzanos de edad avanzada, cuentan que en la década de los 30´s, cuando surgen en nuestra ciudad las dos primeras radiodifusoras (XEU y XETF), las prostitutas locales utilizaron sus aparatos de radio como un “plus” para atraer clientes. 

Paradas junto a la puerta de su lugar de trabajo, exhortaban a sus probables usuarios con una frase que, por supuesto, se hizo famosa: ¡Pasa negro, tengo radio!


Una de Batata

Trabajando como locutor para XEQT, La Pantera, tuve la oportunidad de hacer con el futbolista de Los Tiburones Rojos, Francisco Gómes (así se escribe en Brasil) “Batata” (qepd) un programa de nombre “Ondas Brasileiras”. 

En nuestra primera intervención, se me ocurrió decir: “A la primera persona que nos llame y nos diga cómo se llama este programa, Batata le obsequiará un paquete”. 

Mi nuevo compañero se puso colorado y molesto me dijo: ¡Yo no voy a regalar ningún paquete! Pero, por más que le expliqué que no tendría ningún costo para él, siguió enojado. 

Al aclarar la situación, me enteré que, mientras yo pensaba en un paquete de discos, Batata me explicó que en Brasil le llaman “paquete” a las toallas íntimas femeninas. Para él, no era correcto que un caballero le regalara eso a una dama… y menos por radio.    


Un pillo en Viveros

Hace años fui el animador dominical en el parque Viveros. El administrador -cuyo nombre me niego a mencionar- encontró allí su minita de oro. 

Su esposa manejaba el único puesto que vendía comida y refrescos; él cobraba -sin dar recibo- a quienes ofrecían dibujos para niños, maquillaje infantil, venta de globos, etcétera.

El colmo fue cuando me pidió que, micrófono en mano, rifara conejos recién nacidos. Obvio es que, los animalitos no le costaban y él se quedaba con la venta de la rifa. Cuando me negué a ser parte de la corrupción, amenazó con correrme. Bastó que me quejara con el alcalde de ese tiempo y ¡al que corrieron fue a él! (Las veces que lo he vuelto a ver, además de no hablarme, me mira “con odio jarocho”).


Periodismo oral

No cabe duda que todo tiene un antecedente y el periodismo radiofónico no es la excepción. Existen dos experiencias dignas de tomarse en cuenta, para que queden documentadas en la historia de nuestra ciudad. Primera: es sabido que en la famosa fábrica de puros La Prueba, existían “lectores” a sueldo, que se encargaban de leer las noticias de conocido diario local de la época, para hacer menos aburrida la labor de los trabajadores. 

Segunda: antes de que hubiera estaciones de radio en la ciudad, siendo estudiantes, dos jovencitos veracruzanos, Octavio Sentíes Gómez y César Marín García, todos los domingos, en forma gratuita, se encargaban de leer las noticias -del diario mencionado- en el sonido local del quiosco que existió en el extremo del Malecón. 


Sentí lo de Colosio

Tuve la satisfacción de ser el Maestro de Ceremonias de la visita que hizo a Veracruz, Luis Donaldo Colosio (qepd), a invitación del sindicato de petroleros. 

El salón donde se efectuó el evento, con todo y que era grande, fue insuficiente para el gran número de asistentes, lo cual me obligó a estar todo el tiempo a un costado del invitado, porque no había para donde moverse (deben existir fotos donde ambos estemos hombro con hombro). 

Su incendiario discurso fue similar al que le costó la vida una semana después. Cuando terminó, se despidió de mí, agradeciendo mi participación y abandonó el salón entre porras, aplausos y gritos de alegría. Cuando me enteré de su asesinato, la verdad es que lo sentí mucho.

 

Triunfo garantizado

No cabe duda -como ya lo dijo alguien con gran sabiduría- durante algunos años México fue “la dictadura perfecta”. 

Un claro ejemplo: las múltiples reelecciones de don Fidel Velázquez, al frente de la más grande central obrera del país. 

Cada vez que él terminaba un período, con un mes de anticipación, a los sindicatos de Veracruz afiliados a dicho organismo (quiero pensar que era lo mismo para todo el país), les llegaba un formato de telegrama, ya redactado, con la siguiente leyenda: “Los miembros del sindicato (aquí venía el nombre de la agrupación) apoyan la candidatura del compañero Fidel Velázquez, para ocupar la secretaría general de nuestra central”  y firmaba la máxima autoridad de dicho sindicato a nivel local. 

Lo único que había que hacer era acudir a la oficina de Telégrafos y depositar el telegrama… al poco tiempo, nos enterábamos que el compañero Fidel había sido relecto ¡por unanimidad! 


¡Increíble!

Hace un tiempo, el director del periódico para el que trabajaba, me ordenó cubrir un congreso de brujería que se llevó a cabo en Veracruz. 

Había de todo:  adivinos, brujos, curanderos, dos personas que hacían cirugías (uno con cuchillos y otro con las manos), etcétera. Asistieron alrededor de 200 participantes de todo el país. 

Para la clausura, se anunció una “misa blanca” en la Isla de Sacrificios. Pregunté al organizador -el profesor Vázquez- ¿qué iba a pasar? y me contestó: “No sé qué, pero algo va a pasar… a lo mejor se aparece un OVNI”. 

Ese domingo, muy temprano, salimos en lanchas hacia la isla. El Grupo FM intentó transmitir el evento, pero la señal no salía… un ingeniero comentó: “Este lugar es como el triángulo de las Bermudas: ni entran ni salen señales de radio”.  

La misa fue oficiada por un experto en cultura egipcia, vestido de negro y con un cable metálico alrededor de la cintura. Éramos tantos que tuvimos que formar dos grandes círculos en torno al oficiante, todos tomados de las manos. 

Subrayo que un gran banco de nubes cubría toda la bóveda celeste. El conductor comenzó a rezar en egipcio; 20 minutos después, entre las nubes se abrió un pequeño círculo por donde penetró el sol, pero al único que iluminó fue al conductor, como si fuese un reflector… todos murmuramos de sorpresa al ver aquello que resultaba increíble. Media hora después, en cuanto el oficiante dejó de rezar, el círculo se cerró, impidiendo nuevamente la luz del sol. Si me lo cuentan, no lo creería. 


  • Héctor Noguera Trujillo
  • Cronista independiente
  • escritorhnt@outlook.com

¿tu reacción?

conversaciones de facebook