Una ciudad de desatinos
La Corona construye baluartes y murallas en el siglo XVII

La ciudad de Veracruz fue conocida por todo el mundo como el puerto de tránsito de los grandes tesoros de la Nueva España a España. 

En contraparte, la ciudad no reflejaba el esplendor del mercantilismo colonial. La opulencia económica no se equiparaba con la infraestructura urbana de un puerto tan importante que cubría más las exigencias y necesidades de la Corona Española que las de la población.

Todas las obras  de construcción se basaban en tres prioridades: para el buen funcionamiento del comercio marítimo y terrestre; la defensa del puerto y la protección de los vientos inclementes del norte. 



El comercio

Para cubrir la primera prioridad, se definieron toda una red de comunicaciones dirigida hacia la economía exterior y a la ciudad de México por rutas marítimas y terrestres para la mejor circulación de mercancías; así como medios de transporte, ferias para promoverlas e impuestos para protegerlas.

El resguardo y defensa de la ciudad fue una preocupación permanente. La amenaza de los piratas era frecuente, la metrópoli estaba en alerta por el riesgo insistente que implicaba  una pérdida parcial o completa de las riquezas exportadas a España.

La isla de San Juan de Ulúa se fortificó con el propósito de custodiar al puerto y se enviaron ingenieros españoles para diseñar los planos para la defensa de la ciudad. 

La ciudad fue amurallada, a partir de la década de 1740, con troneras o aspilleras para los fuegos de fusilería y nueve baluartes donde cabrían más de cien piezas de artillería. 



Los accesos

Había dos entradas principales; dos con vista al mar donde se encontraban instaladas las tropas de guardia y tres hacia la tierra. 

También se construyeron nueve baluartes; dos grandes con cañón en la orilla del mar en los extremos de la ciudad y los otros siete en tierra. 

Tenía tres puertas: la Puerta México, por donde se hacía el tráfico del camino de Jalapa a Perote. La Puerta Nueva, orientada al camino hacia Orizaba, por ahí entraban los arrieros hospedados en las Californias. Y la tercera, de La Merced, llamada así por su cercanía al convento de los Merceditas. 

Dentro de la muralla, vivían los españoles y extranjeros de clase alta. Fuera de la muralla, residían los campesinos, marineros, africanos, vendedores, etc.

La prosperidad económica se manifestaba en el comercio y en todos los involucrados en la actividad. Sin embargo, su desarrollo y auge mercantil de la ciudad no iban de la mano con las  condiciones de los servicios públicos y la infraestructura urbana. 

Paradójicamente, existían problemas de agua potable y desagüe que causaban enfermedades y muertes. La gente pudiente construía pilas  o cisternas en sus casas para recolectar agua de lluvia. 

Y la gente de escasos recursos, se valía de zanjas venidas de los médanos con agua de lluvia contaminada de las raíces de las plantas o de las fuentes públicas porque estaba en mejor condición que la del arroyo Tenoya y la de los pozos. 



El drenaje

A diferencia de los aljibes de San Juan de Ulúa que contenían agua muy pura y saludable para el consumo de los empleados militares.

Para mejorar la calidad del agua, a iniciativa del rey de España Felipe V, se estudió el terreno y los alrededores del río Jamapa para llevar sus aguas hasta la ciudad. 

En 1756 se construyó de manera parcial, pero fue infructuoso lo invertido.

El problema de la limpieza, drenaje y desagüe fue un elemento repetido y causa de las frecuentes enfermedades como la fiebre amarilla, la fiebre terciana y el tabardillo pintado, que provocaban la muerte de residentes y visitantes de la ciudad. 

Con el tiempo, el encierro ocasionado por la muralla fue un inconveniente más para la salud de sus habitantes; ya que se gestaba un aire enrarecido por la putrefacción de caños, basura y por la falta de ventilación adecuada.



Organizados

El Ayuntamiento de Veracruz en 1797 convocó a los vecinos, les informó la gravedad del problema y los invitó a colaborar a barrer las calles y las plazas. Promovió y fomentó la limpieza, organizó un grupo de 28 hombres “vagos” y los empleó para ejecutar las tareas de recolección de basura de intramuros de la ciudad. 

Los vecinos se encargaban de regar y asear el frente de sus casas, pues en muchas ocasiones, la arena acumulaba médanos a intramuros como efecto de los vientos violentos del norte.

Con el apoyo de la Corona Española, las obras públicas empezaron a ejecutarse, se empedraron algunas calles, se instaló el alumbrado de gas, la cárcel pública de hombres  y mujeres se reinstaló y construyeron el cementerio general a extramuros junto a la Iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje.

Las epidemias

A principios del siglo XIX, la falta de higiene y de cloacas, la ventilación inapropiada y enrarecida; la escasez y carestía de la vivienda dio como consecuencia el resurgimiento del vómito negro y de la fiebre amarilla. 

Se planeó prolongar las calles de la ciudad hacia la parte opuesta, de manera que las murallas formaran un recinto rectangular y plantar una calzada de árboles que protegiera a la ciudad de las invasiones de arena para fijar un poco los médanos, pero no se logró por la guerra de Independencia  que paralizó todas las actividades relacionadas con el saneamiento de la ciudad.

Veracruz vivió una crisis económica con la apertura de nuevos puertos que realizaban el contrabando con los Estados Unidos de América. 


Las obras

Como medida para agilizar las actividades comerciales, se proyectó la modernización del puerto. El presidente Lerdo propuso demoler la muralla. Y, en el Porfiriato, las obras se iniciaron oficialmente.

Según el censo catastral de 1890, la ciudad tenía tres mil casas, solo la mitad contaba con tomas de agua a pesar de las solicitudes de los propietarios. 

El Ayuntamiento no logró dar el abasto necesario a causa de la falta de cañerías. A principios del siglo XX, se llevaron a cabo los trabajos de introducción de agua potable y saneamiento del puerto. Los problemas de agua potable y de insalubridad quedaron resuelto por algunos años. Las labores de la construcción del moderno recinto portuario, atrajeron mano de obra  provocando un rápido incremento en  la población y, en poco tiempo, lo hizo ineficiente.

A pesar de ser el puerto más importante y proporcionales grandes riquezas a la Corona Española, los residentes tanto de intramuros como de extramuros de la ciudad de Veracruz no gozaban de los beneficios  de  servicios públicos como el suministro de agua, saneamiento y salubridad de la ciudad. Inmerecida e injustamente valorada.


Las enfermedades


La fiebre amarilla

Es una enfermedad infecciosa de origen vírico que se transmite por la picadura de un mosquito; en la segunda fase de la enfermedad, la piel de la persona afectada se pone amarilla a causa de la ictericia. La fiebre amarilla es propia de las zonas tropicales.


La fiebre terciana

Variedad de fiebre intermitente que se produce cada dos días, separado por un periodo de 24 horas sin fiebre y cuyas crisis reaparecen al tercer día. Es un síntoma típico de la malaria.


El tabardillo pintado

Infección epidémica transmitida generalmente por el piojo, caracterizada por las manchas punteadas en la piel. 

  • Extramuros: Extensión de terreno situada fuera del recinto de una población amurallada.
  • Intramuros: Extensión de terreno circunscrita o rodeado por una muralla. La población vive rodeada por la muralla.

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