A 53 años de su muerte Alejandro  Casona  mantiene  presencia  con su legado de obras  emblemáticas del teatro español contemporáneo.
Jordi Siracusa
A 53 años de su muerte, ocurrida el 17 de septiembre de 1965, Alejandro Casona mantiene presencia en la dramaturgia de su país, con piezas como “La dama de Alba”, “La sirena varada” y “Los árboles mueren de pie” obras emblemática del teatro español contemporáneo.

Alejandro Rodríguez Álvarez,mejor conocido como Alejandro Casona, nació el 23 de marzo de 1903, en una aldea asturiana de labradores y pastores llamada Besullo.

La herrería fue uno de sus intereses durante su infancia, aunque en Besullo contaban con una gran tradición oral de romances viejos de los siglos XIV, XV y XVI que la gente recitaba o cantaba después de sus faenas en el campo.

Cuentan que su familia eramuy pobre, sus padres eran maestros y Casona sólo poseía como juguete uncastaño que nombró “La Castañarona”.

Sus nuevas experiencias se dieron en el bachillerato de Gijón donde conoció el mar, la vida urbana y los tranvías.

Sus inicios en el teatro fueron como actor y luego en el teatro de las misiones pedagógicas, con sus alumnos del instituto del Valle de Arán.

Alejandro Casona, en su etapa como profesor fue nombrado inspector de enseñanza primaria durante la República. Su primera obra de teatro infantil fue “El pájaro pinto”, también incursionó en la poesía con “La flauta del sapo” (1930).

En 1934 recibió el premio“Lope de Vega” por su obra “La sirena varada” (1934) y es ganador del Premio Nacional de Literatura por su colección de leyendas clásicas y medievales titulada “Flor de leyendas” (1932) y decidió dedicarse de tiempo completo a la dramaturgia.

Para los conocedores de su obra, el teatro de Casona rompió con los moldes estilísticos establecidos con el teatro naturalista de la época, introdujo elementos psicológicos y fantásticos en la construcción de sus personajes, pues le preocupaba dotar de una dimensión poética a sus obras.

Previo a la Guerra Civil Española (1936-1939) publicó dos obras “Otra vez el diablo” (1935) y “Nuestra Natacha” (1936), ésta dominada por inquietudes políticas de reforma social, lo que le valió grandes ovaciones, pues venía a renovar una estudiantina que se caracterizaba por el uso de la comedia.

Hasta este momento había llevado a cabo obras juveniles, llenas de fe, un poco evangélicas e inocentes,pero cuyo objetivo era tocar una llaga de la pedagogía española.

 De esta manera, el dramaturgo siguió con las misiones pedagógicas, una fundación del maestro Cossío, hasta que fue contratado por la compañía de Díaz-Collado para una temporada de dos años, con la que viajó a México, La Habana, Puerto Rico, Colombia y Venezuela.

Durante ese tiempo escribióartículos, dio conferencias y trabajó para cine como guionista y adaptandotítulos como “Casa de muñecas” (1879), de Ibsen. En Buenos Aires, se presentócon su obra “Los árboles mueren de pie” (1949), desde donde cosechó un gran éxitointernacional.

En el exilio, Casona madurósu expresión y dominó perfectamente los recursos teatrales propios de la líneapor él emprendida. Salieron a la luz “Las tres perfectas casadas” (1941) y “Ladama del alba” (1944), tal vez una de sus obras más representativas, dondehabla de la muerte.

Le siguieron obras como “Labarca sin pescador” (1945), “La molinera de Arcos” (1947), “Los árboles muerende pie” (1949), “La llave en el desván” (1951), “Siete gritos en el mar”(1952), “La tercera palabra” (1953), “Corona de amor y muerte” (1955), y“Retablo jovial” (1962).

En 1963, Alejandro Casona regresó a España y estrenó la que fuera su última obra titulada “El caballero de las espuelas de oro” (1964), que trata sobre la figura de Quevedo,consolidándose como uno de los grandes autores de la escena española e iberoamericana del siglo XX. 

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